
Daniela Alanis Mendez
25 mar 2026
Fue anunciado el viernes por el Cuerpo Gobernante, aunque víctimas aseguran que el cambio llegó demasiado tarde.
Durante más de un siglo, la prohibición de las transfusiones de sangre ha sido uno de los dogmas más polémicos y letales asociados a los Testigos de Jehová. A lo largo de décadas, miles de personas en todo el mundo —entre ellas niños con cáncer, mujeres embarazadas y víctimas de accidentes de tráfico— murieron o sufrieron daños irreversibles porque su fe, o la de sus padres, les impedía recibir transfusiones necesarias para sobrevivir.
Este viernes, por primera vez en su historia, el Cuerpo Gobernante de la organización introdujo una modificación significativa en esa doctrina. Los fieles podrán ahora, si así lo deciden, almacenar su propia sangre antes de una intervención quirúrgica, con el fin de utilizarla durante el procedimiento si fuera necesario.
El anuncio fue presentado por Gerrit Lösch, miembro del Cuerpo Gobernante, a través de un video difundido en el sitio web oficial de la organización bajo el concepto de una "aclaración" doctrinal. Según explicaron, se trata de un "nuevo entendimiento".
Sin embargo, la medida no elimina la prohibición principal: las transfusiones de sangre procedente de otras personas continúan prohibidas.
Para víctimas y especialistas, el anuncio representa un reconocimiento implícito del impacto humano que tuvo esta doctrina durante décadas.

Para comprender el alcance del anuncio, es necesario revisar el impacto histórico de esta enseñanza religiosa.
Los Testigos de Jehová fundamentaron su negativa a las transfusiones en interpretaciones literales de pasajes bíblicos del Levítico y los Hechos de los Apóstoles, donde se ordena "abstenerse de la sangre". Bajo esta interpretación, rechazar una transfusión se convirtió en un acto considerado supremo de fe.
Quienes fallecían tras rechazar sangre eran presentados ante las congregaciones como ejemplos de fidelidad, descritos como mártires que habían "puesto a Jehová en primer lugar".
Las consecuencias fueron documentadas en hospitales de múltiples países: pacientes que ingresaban tras accidentes o cirugías programadas con documentos firmados rechazando transfusiones; médicos obligados a respetar esas decisiones mientras observaban cómo algunos pacientes se desangraban; familias divididas entre convicciones religiosas y la supervivencia.
Diversas organizaciones de ex-miembros y especialistas en nuevos movimientos religiosos estiman que miles de Testigos de Jehová han fallecido en las últimas décadas debido a esta prohibición. La cifra exacta es difícil de determinar, ya que muchos casos no se hicieron públicos y la organización no divulga estadísticas.
Lo que sí quedó registrado es la crudeza de numerosos casos: pacientes que agonizaban durante horas mientras el tratamiento que podía salvarlos estaba disponible.
Niños: las víctimas más vulnerables
Uno de los capítulos más sensibles es el de los menores de edad. A diferencia de los adultos, que podían decidir por sí mismos, los niños dependían de las decisiones médicas tomadas por sus padres. En muchos casos, eso significaba rechazar transfusiones necesarias para sobrevivir.
Ante estas situaciones, tribunales de diversos países —entre ellos España, Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Canadá— intervinieron en múltiples ocasiones para autorizar transfusiones urgentes en menores.
En los casos más críticos, los jueces llegaron a retirar temporalmente la custodia a los padres con el fin de garantizar que los niños recibieran tratamiento médico.
Estas decisiones judiciales fueron consideradas medidas extremas, pero en numerosos casos resultaron ser la única alternativa para salvar vidas.
El impacto psicológico también fue profundo. Algunos menores que sobrevivieron gracias a intervenciones judiciales han relatado posteriormente la carga emocional de crecer sabiendo que su comunidad religiosa consideraba preferible la muerte antes que aceptar una transfusión.
Uno de los casos más conocidos en España involucró a un niño de nueve años con leucemia aguda. Sus padres se negaban a autorizar transfusiones necesarias para la quimioterapia. Tras una intensa batalla judicial, la justicia autorizó el tratamiento y el menor sobrevivió. Los padres fueron investigados por omisión del deber de socorro, mientras que dentro de su comunidad religiosa fueron presentados como un ejemplo de fe.

En España, el rechazo a transfusiones por motivos religiosos ha generado una larga serie de conflictos legales.
Uno de los casos más relevantes fue el de Rosa Edelmira Pindo Mulla, ciudadana ecuatoriana residente en Soria, trasladada de urgencia al Hospital de La Paz en Madrid.
Pindo había dejado constancia por escrito de su negativa a recibir transfusiones. Sin embargo, el personal sanitario trató la situación como una emergencia y actuó sin verificar adecuadamente su consentimiento informado.
El caso llegó hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que en 2024 condenó a España por violar el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, relativo al derecho a la vida privada y a la integridad personal.
La sentencia señaló que la juez actuó con información incompleta y errónea, incluyendo el falso reporte de que la paciente rechazaba todo tratamiento y que su negativa había sido únicamente verbal, cuando existían documentos escritos que la acreditaban. Este fallo marcó un precedente legal significativo en Europa.

Entre las voces más críticas se encuentra Becky Quesada, tesorera de la Asociación Española de Víctimas de los Testigos de Jehová (AEVTJ) y exmiembro de la congregación.
Según relató, recibió la noticia días antes del anuncio oficial y experimentó sentimientos encontrados: satisfacción por los avances logrados gracias al activismo, pero frustración por las consecuencias irreversibles que dejó la doctrina.
Su historia familiar refleja ese impacto.
Su padre fue diagnosticado con cáncer de esófago y necesitaba una cirugía que requería transfusión. La familia buscó hospitales que aceptaran operar sin utilizar sangre. Finalmente, encontraron cirujanos en Sevilla que accedieron a intervenir bajo la condición firmada de no usar hemoderivados.
El retraso en el tratamiento y las complicaciones derivadas provocaron una necrosis severa que obligó a extirparle el esófago y el estómago. Actualmente, el paciente depende de una sonda para alimentarse.
"Me frustra bastante. Me alegro por la gente que ahora tendrá mejores opciones, pero pienso en quienes perdieron a sus familiares por esta maldita regla", expresó.
Expertos aseguran que es un posible intento de mejorar la imagen.
Luis Santamaría, especialista en sectas y nuevos movimientos religiosos, interpretó el anuncio como un cambio significativo en apariencia, pero limitado en la práctica.
Según explicó, el nuevo posicionamiento refleja la dinámica interna de la organización, donde los cambios doctrinales son presentados como revelaciones divinas o "nueva luz", lo que dificulta el cuestionamiento interno.
El experto señaló dos posibles motivos principales:
Motivo interno: frenar el creciente número de abandonos dentro de la organización.
En los últimos años, se han introducido ajustes considerados modernizadores, como permitir el uso de barba en hombres, pantalones en mujeres y reducir ciertas exigencias religiosas.
Motivo externo: mejorar la imagen pública de la organización ante autoridades y opinión pública, especialmente en contextos judiciales en países como España y Noruega.
Según Santamaría, el cambio podría interpretarse como una estrategia de posicionamiento institucional.
Lo que cambia y lo que permanece igual

Ahora se permitirá la autotransfusión preoperatoria, es decir, la extracción y almacenamiento previo de la propia sangre del paciente para su uso durante una cirugía.
Esta técnica, conocida médicamente como autohemotransfusión autóloga, es una práctica habitual en ciertos procedimientos quirúrgicos.
Sin embargo:
• Continúa prohibido recibir sangre de otras personas
• No se modifica la prohibición en situaciones de emergencia
• Persisten restricciones sobre ciertos hemoderivados
• Los menores continúan dependiendo de decisiones parentales
Para críticos y víctimas, existe además una contradicción teológica: los argumentos utilizados para permitir autotransfusiones podrían aplicarse también a transfusiones de terceros, algo que la organización no ha explicado con claridad.

A pesar de las críticas, el cambio representa un avance concreto desde el punto de vista médico.
Las autotransfusiones pueden mejorar la seguridad en cirugías programadas y reducir riesgos en determinados procedimientos.
Sin embargo, la medida no resuelve escenarios críticos como:
• accidentes de tráfico
• hemorragias postparto
• traumatismos graves
• emergencias médicas inesperadas
Tampoco aborda el impacto acumulado de décadas de decisiones médicas condicionadas por creencias religiosas.
Las asociaciones de víctimas reconocieron el cambio con cautela: cada vida que pueda salvarse en el futuro es considerada una victoria, pero no compensa las pérdidas previas.
Un cambio con consecuencias que aún continúan
Mientras la organización celebra su nueva interpretación doctrinal, médicos en distintos países continúan enfrentando situaciones en las que pacientes rechazan transfusiones necesarias para sobrevivir.
El cambio anunciado representa un punto de inflexión, pero no elimina el núcleo del conflicto.
Para muchos observadores, el anuncio puede interpretarse simultáneamente como:
• Un reconocimiento implícito de errores doctrinales.
• Una victoria parcial del activismo de víctimas.
• Un recordatorio del impacto que pueden tener las normas religiosas en decisiones médicas
Porque, para muchas familias, la llamada "nueva luz" llega después de años de pérdidas irreversibles.
Para quienes perdieron a un hijo, a un padre o a una madre por la negativa a recibir sangre, este anuncio no representa solo un cambio doctrinal, sino un recordatorio de lo que pudo haberse evitado. El debate, lejos de cerrarse, continúa abierto entre hospitales, tribunales y comunidades religiosas, donde cada decisión sigue siendo, literalmente, una cuestión de vida o muerte.









