
Daniela Alanis Mendez
19 ago 2025
Más de mil nuevos empleos se generarán en EE.UU., mientras México pierde parte de la producción de cocinas de gas.
GE Appliances sorprendió con el anuncio de que trasladará líneas de producción desde México y China hacia Estados Unidos, como parte de un plan de inversión de más de 3 mil millones de dólares que se ejecutará en los próximos cinco años. La estrategia incluye la modernización de plantas y la creación de más de mil empleos en Kentucky, Georgia, Alabama, Tennessee y Carolina del Sur.

El anuncio fue interpretado por algunos como un “retiro” de México, generando dudas sobre el futuro de la manufactura nacional. Sin embargo, especialistas apuntan que este movimiento forma parte de una tendencia global de reshoring: el regreso de operaciones a países de origen para acortar cadenas de suministro, reducir riesgos logísticos y aprovechar incentivos fiscales.
En el caso de GE Appliances, la empresa ya realizaba la mayor parte de su producción en Estados Unidos, pero ahora busca reforzar esa posición. La producción de cocinas de gas que antes se fabricaban en México se trasladará a LaFayette, Georgia, mientras que seis modelos de refrigeradores dejarán China para producirse en Decatur, Alabama. En paralelo, la planta de Camden, Carolina del Sur, duplicará su capacidad al incorporar la producción de calentadores de agua eléctricos e híbridos.

Cabe recordar que durante años GE mantuvo una sociedad con la mexicana Mabe para la fabricación de electrodomésticos. Sin embargo, en 2016 vendió su división de línea blanca a la empresa china Haier Smart Home Co., que hoy controla la marca GE Appliances y comercializa productos en México bajo el sello GE Profile.
Esto significa que, en la práctica, los consumidores que compran una lavadora o un refrigerador con esa etiqueta adquieren tecnología —y en muchos casos manufactura— china.

Según Kevin Nolan, CEO de GE Appliances, el objetivo es “fabricar cerca de los clientes” y consolidar una red doméstica que reduzca la dependencia de proveedores extranjeros. Desde 2016, la empresa ha invertido más de 6,500 millones de dólares en sus plantas estadounidenses, lo que ha generado alrededor de 113 mil empleos directos e indirectos y aportado más de 30 mil millones de dólares anuales a la economía.
El plan incluye:
•490 millones de dólares en Louisville, Kentucky, para nuevas líneas de lavadoras y secadoras.
•Expansión de la planta de Selmer, Tennessee, para fabricar aires acondicionados.
•Incremento en Camden, Carolina del Sur, para duplicar empleo y producción de calentadores.
Aunque no se han precisado cifras de empleos perdidos, la salida de estas líneas representa una disminución en la participación mexicana dentro del sector de línea blanca, especialmente en cocinas de gas.
Sin embargo, el traslado no necesariamente implica un debilitamiento de la manufactura nacional en su conjunto. Las exportaciones siguen creciendo y México continúa consolidándose como un hub estratégico de producción para Norteamérica, especialmente en sectores como automotriz, aeroespacial y electrónico.
La decisión de GE Appliances refleja un fenómeno más amplio: la reconfiguración de cadenas productivas tras la pandemia, las tensiones comerciales entre EE.UU. y China y el encarecimiento de los fletes internacionales. Según la UNCTAD, más del 30% de las multinacionales manufactureras han reestructurado su red de producción desde 2020.
En este contexto, el mensaje de la compañía es claro: la manufactura estadounidense está de regreso, impulsada por automatización, alianzas educativas y la promesa de empleo local. Como dijo Bill Good, vicepresidente de la cadena de suministro:
“La infraestructura y las herramientas son importantes, pero no bastan. El renacimiento de la fabricación en Estados Unidos será construido por personas”.






