
Daniela Alanis Mendez
7 ago 2025
Acusado de encubrir a un presunto operador del CJNG, el senador morenista respondió desde tribuna que la calumnia solo “tizna” pero no lo afecta.
El coordinador de Morena en el Senado afirma que acudirá ante cualquier autoridad si es requerido, sin escudarse en el fuero.
Adán Augusto López Hernández, senador y coordinador de Morena, negó cualquier vínculo con el grupo criminal La Barredora o con su exsecretario de Seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, actualmente prófugo por presuntas actividades de huachicol. Aseguró que, de ser citado por las autoridades, se presentará sin recurrir al fuero.
Durante la sesión de la Comisión Permanente de el pasado miércoles, la senadora panista Lilly Téllez presentó un punto de acuerdo de urgente resolución para exigir que López Hernández solicite licencia y se ponga a disposición de las autoridades.
“A mí con todo respeto no me preocupa. Sé cómo actúan. Como dice el presidente López Obrador: ‘la calumnia cuando no mancha, tizna’. En este caso, toda su tiznadera me tiene sin mayor cuidado”, expresó Adán Augusto.
López Hernández rechazó haber designado a Bermúdez al inicio de su administración como gobernador de Tabasco y negó que tuviera conocimiento de vínculos criminales cuando se desempeñó como funcionario. Afirmó que para el momento en que los Guacamaya Leaks revelaron señalamientos contra Bermúdez, él ya se encontraba en la Secretaría de Gobernación.
“Jamás me he escudado en el fuero. Como abogado, exsenador y exgobernador, he acudido a todos los citatorios cuando se me ha requerido”, afirmó.
El morenista atribuyó las acusaciones a una estrategia política de la oposición. "Lo que enfrento es la frustración de quienes no han podido derrotarnos en las urnas", dijo desde tribuna.
Ante los señalamientos, también expresó: “Hay decisiones que si la autoridad me requiere, estoy dispuesto a compartir. Pero no hay nada que ocultar”.
López Hernández recibió el respaldo de la mayoría de senadores de Morena y sus aliados, quienes votaron en contra del punto de acuerdo para que pidiera licencia.
Durante la discusión, Lilly Téllez arremetió directamente:
“Adán Augusto López no debería estar sentado ahí. Él debería salir esposado de este recinto, pero lo protege Sheinbaum. Representa la narcopolítica en el poder”.
El presidente del PRI, Alejandro Moreno, también se sumó a las críticas:
“Si nos midieran con la misma vara, tú ya estarías en la cárcel. Yo no tengo funcionarios ligados al crimen, tú sí”.
El priista acusó al gobierno federal de persecución política y de proteger a figuras de Morena, como Manuel Bartlett o el propio López Hernández. Desde su escaño, el senador morenista respondió:
“Lo suyo, senador Moreno, es el lodazal. Lo mío es seguir construyendo el proyecto de transformación”.

En voz baja, pero con firmeza, desde su lugar en el Senado, Adán Augusto se mantuvo desafiante:
“A mí sus tiznaderas me tienen sin cuidado”.
Su frase resume el tono de quien, durante años, fue figura clave del obradorismo: operador político, gobernador, secretario de Gobernación y escudero del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador.
Durante su gestión en Tabasco, el grupo criminal La Barredora, brazo del Cártel Jalisco Nueva Generación creció y se consolidó. Su entonces secretario de Seguridad, Hernán Bermúdez, ya estaba señalado por vínculos con el crimen desde 2019. Jaime Lastra, fiscal del estado en aquel tiempo y hoy diputado de Morena, también ha sido señalado por su pasado turbio.
Hoy, mientras excolaboradores huyen o caen ante la justicia, Adán Augusto sigue en el Senado. Sin embargo, su presencia resulta incómoda para un nuevo gobierno que intenta mantener legitimidad en medio de múltiples crisis internas.
En la sesión, el diputado panista Federico Döring cuestionó la aparente tranquilidad de Adán Augusto: “No sorprende. Él podría tener todos los secretos del expresidente López Obrador”.

En tanto, desde Movimiento Ciudadano, el diputado Pablo Vázquez llamó a distinguir entre responsabilidad política y jurídica: “Debemos esclarecer los hechos, pero también asumir la responsabilidad política de nombramientos cuestionables como el de Hernán Bermúdez”.
Desde Morena, el diputado Leonel Godoy defendió a su compañero: “No se puede juzgar con base en denuncias mediáticas. La justicia requiere pruebas y debido proceso”.

El debate finalizó con la mayoría oficialista rechazando la solicitud de licencia a través de una votación a mano alzada. La oposición acusó complicidad y encubrimiento.
La oposición insiste en que el caso de Hernán Bermúdez es muestra de una red criminal apapachada desde el poder. “En Tabasco, Adán era el patrón, y en Palacio Nacional tenía la bendición del expresidente”, aseguran voces críticas.
El caso Adán Augusto es más que un escándalo político: es un espejo del poder y de los límites de la transformación prometida. Tocarlo, como advierten algunos, implicaría reconocer que algo estuvo podrido desde el origen.
Hoy, Adán Augusto López se ampara en el discurso y la mayoría legislativa, pero las preguntas siguen abiertas. ¿Qué sabía realmente sobre Hernán Bermúdez? ¿Por qué, pese a los señalamientos, nunca hubo consecuencias?
La defensa política puede sostenerse por un tiempo, pero la memoria pública y el desgaste institucional exigen respuestas. Porque más allá de lo dicho en tribuna, lo que está en juego no es solo la reputación de un senador, sino la credibilidad de un movimiento que prometió no mentir, no robar y no traicionar al pueblo.
Y si esas promesas también se tiznan, entonces, como dijo el propio López Hernández, será la historia la que juzgue… pero también, tarde o temprano, la justicia.






