
Daniela Alanis Mendez
6 ago 2025
El narcotraficante mexicano, condenado a cadena perpetua en la prisión más segura del mundo, acusa a las autoridades de negarle el derecho a comunicarse con su abogado, pese a una orden judicial.
El exlíder del Cártel de Sinaloa envió una carta al juez Brian Cogan, en la que reclama que no le permiten contacto con su defensor legal pese a una orden judicial. La misiva revive el debate sobre su trato en la prisión más segura del mundo y recuerda la historia de uno de los narcotraficantes más poderosos de la era moderna.
Desde la prisión de máxima seguridad ADX Florence, en Colorado, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera denunció que el Gobierno de Estados Unidos le impide comunicarse con su abogado, José Israel Encinosa, a pesar de que un juez federal ya autorizó dicho contacto.
En una carta escrita a mano, fechada el 15 de julio de 2025 y recibida por la Corte de Brooklyn el 5 de agosto, Guzmán solicita al juez Brian Cogan que reitere su autorización para que el abogado pueda visitarlo, llamarlo por teléfono y enviarle correspondencia.
“Hace tres semanas que usted autorizó que el gobierno le permita al abogado Encinosa visitarme, hablar conmigo por teléfono y escribirme, pero hasta hoy no se ha cumplido”, escribió el narcotraficante.
Guzmán asegura que su defensor lleva casi un año intentando obtener autorización, sin éxito. Además, denuncia que no le han entregado dos cartas enviadas por Encinosa semanas atrás. “Para mí es vital el abogado”, insistió en la misiva.

Actualmente, Guzmán permanece recluido bajo Medidas Administrativas Especiales (SAMs), que restringen severamente sus interacciones con el exterior. Solo su abogada Mariel Colón ha podido visitarlo. No ha tenido contacto con su esposa, Emma Coronel, ni con sus hijas gemelas.

Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, mejor conocido como ''El Chapo'' nació en abril de 1957 en La Tuna, una comunidad rural en Badiraguato, Sinaloa. De orígenes humildes, comenzó en el mundo del contrabando siendo adolescente y pronto escaló en la jerarquía del narcotráfico hasta convertirse en el fundador y máximo líder del Cártel de Sinaloa.
Conocido por su astucia logística y brutalidad, “El Chapo” se consolidó como uno de los capos más influyentes del mundo, pionero en la construcción de túneles transfronterizos para traficar droga hacia EE.UU. También fue clave en el dominio del mercado de cocaína, marihuana, metanfetaminas y, más recientemente, fentanilo.
Su carrera estuvo marcada por dos espectaculares fugas de prisiones mexicanas: la primera en 2001, escondido en un carrito de lavandería, y la segunda en 2015, a través de un túnel de más de 1.5 kilómetros que conectaba su celda con el exterior. Fue recapturado en enero de 2016 y extraditado a Estados Unidos un año después.
El 17 de Julio del 2019, tras un mediático juicio en Nueva York, fue declarado culpable de diez cargos federales, incluyendo conspiración internacional para distribuir droga, homicidio y lavado de dinero. Fue sentenciado a cadena perpetua más 30 años adicionales.

Desde su condena, Guzmán cumple su sentencia en la prisión ADX Florence, en Colorado, bajo condiciones de aislamiento extremo. Pasa 23 horas al día en una celda de tres por dos metros, con solo una hora de recreación diaria en una jaula individual.
Según expertos en seguridad penitenciaria, ADX está diseñada para mantener control total sobre los presos más peligrosos. “Es peor que la pena de muerte”, declaró Robert Hood, exdirector del penal.

El caso de “El Chapo” ha llamado la atención de medios y defensores de derechos humanos, quienes advierten que las restricciones pueden vulnerar su derecho a la defensa legal.
Aunque encarcelado, Guzmán sigue siendo una figura central en la narrativa del narcotráfico global. Sus hijos, conocidos como “Los Chapitos”, están acusados de liderar una facción del Cártel de Sinaloa que exporta fentanilo a Estados Unidos.
Uno de ellos, Ovidio Guzmán López, se declaró culpable en julio pasado ante una corte de Chicago, mientras que Joaquín Guzmán López también enfrenta cargos en EE.UU.

A pesar del encierro, el nombre de “El Chapo” continúa generando titulares, ahora desde el silencio forzado de su celda en Colorado. Su carta, escrita con letra temblorosa y un tono de súplica, no solo busca acceso legal, sino también una mínima conexión con el exterior. Desde una celda de concreto y silencio, donde el tiempo avanza sin testigos, el capo que una vez burló al Estado mexicano con túneles y sobornos, ahora pide algo tan básico como una llamada.
En su aislamiento absoluto, “El Chapo” no escribe como el líder de un imperio criminal, sino como un hombre que teme ser enterrado en vida, lejos de cualquier posibilidad de defensa, de palabra, de voz. Su historia, plagada de violencia, fugas y poder, encuentra en esta carta un nuevo capítulo: el de la soledad más brutal.






